Por Daniela Andrea Hernández Oviedo
Dicha prisión fue construida en el Estado de Florida, específicamente en Los Everglades, que son “uno de los ecosistemas más importantes de Estados Unidos” debido a que es suministro de agua potable y el hábitat de múltiples especies de fauna y flora (Sherriff, 2024). Adicionalmente, Los Everglades son el hogar de la Tribu nativa Miccosukee, quienes no fueron tenidos en cuenta en la construcción de la prisión, la cual fue realizada en tan solo ocho días “sobre una antigua pista aérea en desuso”
Sumado a esto, la prisión fue construida sin contar con los estudios ambientales requeridos, por lo que grupos ambientalistas y la tribu mencionada demandaron su construcción, solicitando que se detuvieran sus operaciones hasta que cumpliera con los requisitos ambientales, argumentando que “la instalación amenazaba humedales ambientalmente sensibles y revertía millones de dólares invertidos durante décadas en la restauración ambiental” (France 24, 2025). Es así como la magistrada Kathleen Williams decidió que la prisión debe ser cerrada en un plazo de sesenta días y prohibió la entrada de nuevos prisioneros (Infobae, 2025).
La directora de la organización Friends of the Everglades, uno de los grupos que promovió la demanda, aplaudió la decisión afirmando que es un triunfo histórico y que refleja que las leyes ambientales deben cumplirse tanto por el Gobierno Federal como Estatal y que de no hacerlo, hay consecuencias (Mazzey y Adams, 2025). En la misma línea, es menester mencionar que la jueza determinó que la prisión generaba daños ambientales irreparables.
Por otro lado, la jueza fue clara en determinar que “ninguna obra adicional puede realizarse en el lugar, y que el número de personas allí detenidas, actualmente estimado en unas 700, no puede incrementarse” (Infobae, 2025). Sin embargo, la sentencia no es definitiva y el caso seguirá en discusión, por lo que se está a la espera del curso del proceso (Mazzey y Adams, 2025).
En síntesis, la orden de cerrar “Alligator Alcatraz” refleja que la protección del medio ambiente debe prevalecer sobre la toma de cualquier otra medida, que no puede ser desatendida bajo la excusa de garantizar la seguridad nacional y que todas las autoridades, sin importar su rango, están obligadas a respetar y acatar las leyes ambientales. Los Everglades, por su invaluable riqueza natural y por ser territorio ancestral de comunidades nativas, merecen ser preservados frente a cualquier amenaza.
Con esta decisión, Estados Unidos da un paso en pro del medio ambiente y constituye un llamado al deber que tienen los Estados de cumplir con sus obligaciones ambientales.