martes 28 de mayo de 2024
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¿Tareck El Aissami y su banda resultó ser peor que Leopoldo López y Juan Guaidó?

Caracas (Diario VEA): Si alguien me plantea esa pregunta, sin dudarlo responderé con un contundente Sí. Hasta me atrevería a compararlo, con cualquiera de los peores fascistas que ha tenido y tiene Venezuela.

Por Yuleidys Hernández Toledo

Y ese Sí es contundente, porque para nadie es un secreto que Leopoldo López y Juan Guaidó son golpistas, que ambos han sido peones del imperio. Ese par es conocido por sus vínculos con Estados Unidos para ejecutar acciones desestabilizadoras y para cometer robos contra la nación como hicieron con Citgo, Monómeros y durante la tiranía del falso «interinato».

Esos dos han dejado a su paso una estela de muerte y destrucción. Esta pareja ha cometido sus fechorías por la calle del medio, sin ponerse ninguna máscara.

¿Ahora, por qué Tareck El Aissami es peor? Porque traicionó a la Revolución Bolivariana y al pueblo. Porque empobreció, causó dolor al poder popular y lo hizo disfrazándose de chavista, de revolucionario.

El Aissami traicionó al Comandante Eterno Hugo Chávez, quien en su momento lo designó ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, y lo apoyó como candidato a la gobernación de Aragua.

Traicionó al presidente Nicolás Maduro, quien en estos últimos 11 años le dio varias responsabilidades, todas ellas de alta jerarquía: Vicepresidente Ejecutivo de la República, Vicepresidente sectorial de Economía, Presidente de Petróleo de Venezuela, ministro de Industrias y Producción Nacional, y su último cargo: Ministro del Poder Popular para el Petróleo.

A ello hay que sumar las responsabilidades políticas que tuvo dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), entre ellas vicepresidente sectorial de la región de los Andes, y miembro de la Dirección Nacional.

Desde todas esas instancias, El Aissami, hoy vinculado y señalado por el Ministerio Público de ser el principal cabecilla de la trama de corrupción Pdvsa-Cripto, tenía la responsabilidad de proteger a la nación y defender a un pueblo que estaba siendo bombardeado por crueles sanciones, bloqueo, que causaron heridas, que hasta el día de hoy no han sido posibles sanar. Cosa que no hizo.

Todo parece indicar, partiendo por lo señalado por el Ministerio Público, que El Aissami y su banda usaron sus altos cargos para estafar a la nación, y con esa práctica le metieron un golpe directo en la cara, en el estómago, al pueblo.

El martes 9 de abril, al informar sobre la captura de El Aissami, del exministro de Economía y Finanzas, Simón Alejandro Zerpa y del «empresario» Samark López, el fiscal general de la República, Tarek William Saab, explicó que este trío en complicidad con otros exfuncionarios que fueron detenidos a partir de marzo de 2023 por la trama de corrupción Pdvsa-Cripto, asignaban cargas de crudo a la Superintendencia Nacional de Criptoactivos y a particulares, sin ningún tipo de control administrativo ni garantías, incumpliendo con las normativas de contratación de Petróleos de Venezuela.

Una vez comercializado este crudo asignado ilegalmente, se incumplió con los pagos correspondientes a Pdvsa.

En su intervención que se extendió por 44 minutos, Saab indicó que «el objetivo de esta mafia (…) no era otro que implosionar la economía, destruir nuestra moneda presionando al alza del dólar paralelo (…) y así hacer fracasar las políticas económicas impulsadas por el Ejecutivo».

Ese mismo martes en horas de la noche, Saab, al conceder su primera entrevista tras dar a conocer las detenciones, informó a VTV que conocer el liderazgo de Tareck El Aissami en la trama de corrupción Pdvsa-Cripto, no fue posible con anterioridad, porque el exfuncionario y su banda amenazaron a cinco de los 54 detenidos que habían sido capturados en la primera fase de la Operación Caiga quien Caiga, que inició en marzo de 2023.

«Estaban siendo amenazadas sus familias y ellos en su integridad física. ¿Por quién? Por el propio El Aissami y su grupo. Ellos se negaban a cooperar y les daba terror cooperar, hasta que por fin dijeron: ‘vamos a decir la verdad’. Y aquí fue donde salieron los elementos de convicción, para aparte de detenerlo, imputarlo», precisó Saab.

De acuerdo con uno de los cinco delatores, el exsuperintendente nacional de Criptoactivos, Joselit Ramírez, decía «que le sabía a… usando una expresión escatológica, que el bolívar se estuviese devaluando (…) La mano derecha de El Aissami». Así lo contó Saab en aquella entrevista.

Un día después Saab relató que de acuerdo con confesiones de uno de los delatores, Tareck El Aissami, junto a sus cómplices en la trama Pdvsa-Cripto, generaron la subida del dólar paralelo y la caída el bolívar a través de la práctica de la «bicicleta financiera». De esta forma buscaban implosionar la economía nacional. Así lo dio a conocer en entrevista a Telesur.

«Ellos se valían de empresas de maletín y pagos en criptomoneda en el extranjero, para manejar ese dinero a su antojo, sin permitir al Banco Central de Venezuela tener acceso a él. De esta manera controlaban el acceso a divisas en el mercado nacional, lo que les permitía especular en el mercado cambiario. Así practicaban una bicicleta financiera con la cual vendían su tenencia en criptoactivos en el mercado paralelo, para luego pagar en bolívares a precio oficial, compromisos de Pdvsa o Sunacrip. En el proceso generaban mayor demanda de dólares, lo que producía un alza en su precio y una caída del bolívar», explicó el Fiscal General, al narrar parte de lo señalado por uno de los cinco delatores, que hicieron posible la caída del también expresidente de Petróleos de Venezuela.

El Aissami tan culpable como la derecha de la pobreza y el sufrimiento del pueblo

Cuando uno analiza los datos que está dando a conocer el Ministerio Público sobre El Aissami y su banda, y que han sido validados por el jefe de Estado, Nicolás Maduro, como lo afirmó el sábado 13 de abril desde las afueras del Palacio de Miraflores, donde dijo que desde hace más de un año dirige personalmente investigaciones sobre corrupción, uno pudiese preguntarse:

¿El Aissami es tan culpable como Leopoldo López, Juan Guaidó y los gringos, del hambre que tuvo que pasar el pueblo en aquellos duros años de 2014, 2015, 2016, 2017, cuando contra el país lanzaron guerra económica, bloqueo, innumerables medidas coercitivas unilaterales? ¿Se puede decir entonces que El Aissami y su banda es tan culpable como la derecha de la migración inducida? ¿Es tan culpable como esos sectores golpistas de la precarización y pérdida del salario que padecen todos y todas las trabajadoras del país? ¿Es tan culpable de la afectación de las Misiones Sociales y del aumento de los niveles de pobreza que dejaron los ataques foráneos contra Venezuela?

Creo que sí es tan culpable como esos sectores de la derecha, porque mientras aquellos atacaban al país con sanciones, sabotaje, intentos de golpe de Estado y de magnicidio, El Aissami, siempre partiendo de lo que dice el Ministerio Público, habría estado robándose junto a sus cómplices, lo poco que entraba a la nación. Comprando casas a sus «prepagos», como dio a conocer el Fiscal General de la República, basado en testimonio de los delatores. Mientras el pueblo comía solo granos o arepa sola, El Aissami y su banda se daban la gran vida remodelando oficinas y viviendas.

¿Cuánto de lo que se habría robado El Aissami y su banda no hubiese servido para aumentar el salario íntegro, para recuperar las perdidas prestaciones sociales? ¿Cuánto no se hubiese destinado a los hospitales, que aún hoy siguen padeciendo el enorme daño que dejan las sanciones y el bloqueo?

Que Tareck El Aissami y sus cómplices sean peor que Guaidó, Leopoldo López y su banda, no significa que los ultraderechistas sean menos malos. Todos están podridos y todos merecen estar presos, y que le quiten a ellos, a ellas y a sus testaferros, todo lo que se habrían robado y lo devuelvan al pueblo en salario íntegro, en oportunidades de vivienda, en mejoras a los hospitales, en programas sociales.

Dolor, arrechera y necesidad urgente de contraloría social

Sin aludir directamente a Tareck El Aissami, el jefe de Estado, Nicolás Maduro, dijo el sábado 13 de abril, al referirse a las tramas de corrupción que investiga el Ministerio Público, que «a mí las puñaladas me la han dado por la espalda, gente en la que confié plenamente y creyeron que el poder les pertenecía y se olvidaron del pueblo. Y cuando le clavan esas puñaladas a Maduro, le están clavando esas puñaladas al pueblo noble, a nuestra Patria».

Luego de expresar su dolor por estas acciones, dijo que «la herida está curada, no hay dolor, lo que hay es arrechera e indignación».

Es entendible que para él y algunos otros revolucionarios haya dolor, porque tuvieron al enemigo, al monstruo disfrazado cerca; pero en el caso del pueblo, lo que siente es indignación.

El sábado, en el bulevar de Sabana Grande, ese espacio que ha sido tomado por los vendedores informales, y donde circular es un caos, cuando uno pasaba, se escuchaba a más de uno preguntar: «¿Cuánto se habrá robado? Otros decían: «Bien preso está; pero, ¿y el daño que nos hizo?». «¿Habrán recuperado lo que se robó El Aissami, se habla que son miles de millones de dólares? Unos más molestos decían: «Ese grandísimo c…..e….s…m…».

Más allá de la enorme molestia, creo que lo sucedido con El Aissami obliga y hace necesario que desde la dirección del PSUV, desde el gobierno nacional y desde las bases del pueblo, se afine la contraloría social.

La desconfianza del pueblo en el exministro de Petróleo no era nueva, tenía rato sonando. Por ejemplo, a este personaje la gente de a pie le criticaba la cantidad de escoltas con las que se movía, su prepotencia y falta de humildad; es uno de esos tantos funcionarios que nunca se le vio de tú a tú junto al pueblo, las únicas veces en marcha o cuando le tocaba ir a algún acto oficial. Nunca se le vio en las calles como un ciudadano más.

Pero lo que más le cuestionaban era su cinismo a la hora de declarar. ¿Cuántos memes no hicieron con aquellas declaraciones que ofreció en junio de 2021, a un medio internacional donde dijo que «en semanas las colas de gasolina desaparecerán».

Y más allá de los memes que bien pudieron ser impulsados por sectores de la derecha, en la realidad, en las colas, en el día a día, el pueblo se burlaba de lo dicho por el exministro. «Ese hijo de su madre de El Aissami», decían en las estaciones de servicio, «claro, como ellos no saben lo que es hacer cola, declaran cuantas boberías les parece». «Ahora viene El Aissami con el cuento de la iguana».

Todas esas y otras peores, se escuchaban en las largas horas que pasaban los ciudadanos y ciudadanas para suministrar gasolina en aquellos años. Por supuesto, la ineficiencia del entonces ministro, repercutía directamente en el gobierno que lidera el jefe de Estado, Nicolás Maduro.

¿Quizás por andar en sus planes de saquear el país, fue que nunca pudo acabar con las mafias de la gasolina y el diesel, como se lo ordenó Maduro? ¿O acaso la mafia la dirigía el propio El Aissami?

Ante todos estos hechos, uno se pregunta, ¿en el PSUV no escuchaban lo que se decía sobre El Aissami? ¿Será que a las reuniones del PSUV llegaba sin los séquitos de escoltas?

Lo sucedido con este personaje, debe generar la obligación en la tolda roja, pero también en el gobierno nacional, de meter cada vez más el ojo.

En lo personal, diría que hay que hacer especialmente énfasis en los que ocupan cargos de muy alta responsabilidad o están en ministerios e instituciones donde se manejan demasiados recursos.

Creo que cada persona que ocupa estas altas jerarquías debe tener siempre atrás, a sus espaldas, respirándole en la nunca, personajes revolucionarios con moral y ética suficiente, como por ejemplo María León; que sean su llaveritos, para que no caigan en tentaciones, para que el poder no los vuelva loco, para que no escuchen a los diablitos negativos que pueden tener alrededor.

Esto debe aplicar para los jóvenes que cada vez les dan responsabilidades más importantes, y que a algunos se les suelen subir los egos; y del alto ego a la corrupción, hay un pasito nada más.

Y lo otro, que creo es necesario aprender a escuchar y aceptar la crítica no como un modo de ataque, sino como una reflexión, que puede evitar grandes daños.

Tres meses antes que se activara la Operación Caiga quien Caiga, me tocó hacer varias entrevistas a dirigentes políticos. Uno de los temas favoritos del pueblo en la calle, era la desconfianza hacia algunos dirigentes.

De hecho, para aquella época, el poder popular hacía mucho énfasis en la honestidad de Maduro, pero no confiaba en los funcionarios y funcionarias que lo rodean. En medio de ese escenario, recuerdo que pregunté a varios funcionarios y funcionarias: «El pueblo dice qué hay corrupción, la gente cree en Maduro, pero no en muchos de sus funcionarios. ¿Qué opina?»

Obviamente se molestaron y dijeron que no había corrupción. Ojo, no quiero decir que estos funcionarios estuviesen en nada raro, lo que sí creo, es que actúan por solidaridad automática, imagino que piensan algo así: «como es chavista no puede ser corrupto». Pues, creo que deben detenerse y ver la historia reciente: ¿Cuántos rojos, rojitos, no están prófugos o tras las rejas?

Es hora de madurar en la dirigencia política en ese sentido. Estar atento a su compañero ministros, alcaldes, gobernador, gobernadora, en qué andan, por qué de la noche a la mañana usted que lo conoció «pata en el suelo», lo ve ostentando, por qué tantos escoltas.

Ustedes pudiesen ser el primer eslabón para detectar la corrupción en las altas esferas. Y por supuesto, deben recorrer las calles y escuchar a la gente. La gente siempre sabe, hablen con los vigilantes de los ministerios de los entes, con el personal de limpieza, con los trabajadores más humildes, y muchas veces le dirán más de los pasos de los funcionarios, que el propio jefe político.

Cuando en marzo de 2023 empezaron a salir los nombres de los involucrados en la trama de corrupción Pdvsa-cripto, hoy militantes medios; pero que en algún momento ejercieron altos cargos, en privado se alegraron, y en conversaciones muy confidenciales, comentaron, sin dar mayores detalles, que soñaban con la caída de El Aissami.

Para ese momento no estaban listos para hablar, porque habían sufrido, según contaron, «la persecución de El Aissami» que «había acumulado mucho poder».

Ojalá hoy, así sea en secreto, en los más altos niveles sean escuchados. Ojalá en algún momento también quienes cargaron contra Alfredo Chirinos y Aryenis Torrealba, esos dos jóvenes que denunciaron la trama de corrupción que había en Pdvsa bajo la presunta dirección de El Aissami y su banda, les ofrezcan una disculpa sincera.

Hoy a los venezolanos y venezolanas solo nos resta esperar el juicio que debe seguir la justicia contra El Aissami y su banda.

De demostrarse toda su culpabilidad en los señalamientos que ha hecho el Ministerio Público; ojalá que los responsables del daño a la nación se pudran en una celda, que no tengan ningún tipo de privilegio procesal, y que todo lo que se habrían robado ellos y sus testaferros regrese a las arcas del Estado, para que por fin se puedan subir los salarios integrales, y no las bonificaciones, para que los jóvenes de más de 30 años, puedan optar a créditos y tener una vivienda, sueño que a más de uno le quedaron en el tintero por el bloqueo y la corrupción de inescrupulosos, para que ese dinero se invierta en salud, mejoras del sistema eléctrico, entre otras obras.

Y sobre todo, para que los corruptos y corruptas que seguramente quedan por ahí, se vean en ese espejo y pongan sus bardas en remojo.

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