miércoles 11 de febrero de 2026
Search
Close this search box.

Reza Pahlavi y la ilusión de un cambio impuesto desde el exterior

Teherán (Hispan Tv): La entrevista reciente de Reza Pahlavi en el Wall Street Journal ofrece menos indicios de un proyecto político articulado que de una concepción del poder basada en la delegación externa.

Más que el planteamiento de un líder en el exilio, el texto se asemeja al manual de un aspirante a administrador colonial, cuyas ambiciones parecen depender del desmantelamiento previo de su propio país.
    En el erosionado panorama de la oposición iraní fuera de Irán, pocas figuras combinan de manera tan clara una irrelevancia política persistente con un valor tan revelador como Pahlavi. Su entrevista no funciona como un manifiesto ni como una hoja de ruta institucional; se lee, más bien, como una renuncia implícita. Una renuncia a la soberanía iraní, a la dignidad nacional y a cualquier noción sustantiva de autodeterminación, delegadas en actores extranjeros que, durante más de un siglo, han tratado a Irán como un espacio de maniobra geopolítica. Desde Teherán, Londres o cualquier capital con un mínimo de memoria histórica, la conversación perfila a un hombre que, tras casi cinco décadas de exilio confortable, solo concibe el futuro de su país a través del lenguaje de la tutela externa y la intervención internacional.
   Pahlavi se presenta como el “padre”, de una nación que no pisa desde finales de la década de 1970; como un “árbitro imparcial” en un conflicto del que es parte por linaje; y como un líder de transición cuyo único programa discernible consiste en administrar una capitulación ordenada del Estado iraní. Su discurso combina apelaciones genéricas a la democracia con una admiración apenas disimulada por los responsables políticos de las intervenciones fallidas en Iraq y Afganistán, y una deferencia llamativa hacia los intereses de Israel, precisamente en un momento en que este lleva a cabo una campaña de presión militar regional que incluyó hace 6 meses ataques directos contra territorio iraní.

El espejismo de la alineación planetaria
  El núcleo del argumento de Pahlavi es que “los planetas se han alineado” para propiciar un cambio en Irán. Su análisis, sin embargo, constituye un ejercicio de miopía voluntaria y de pensamiento desiderativo en clave geopolítica. La alineación que celebra no es la de fuerzas internas, movimientos sociales articulados u oposiciones democráticas con arraigo social. Es, según su propia descripción, una convergencia de actores externos abiertamente hostiles a la República Islámica: un primer ministro israelí “claramente de nuestro lado”, un Donald Trump que “va por un camino diferente” y un Marco Rubio al frente del Departamento de Estado que “realmente lo entiende”. La confesión implícita es inequívoca. Su esperanza política no descansa en el pueblo iraní, sino en la beligerancia estratégica de Washington y Tel Aviv.
   Esta lectura pasa por alto una de las lecciones más contundentes de las últimas décadas. La intervención extranjera, en particular cuando es impulsada por los sectores neoconservadores estadounidenses y la derecha israelí, no ha sido un vector de democratización, sino un catalizador de fragmentación estatal, violencia prolongada y resentimiento social. Pahlavi alude al desastre de la desbaazificación en Irak únicamente para sostener que él sabría evitarlo mediante un “plan” alternativo. 
   No obstante, resulta difícil desvincular cualquier proyecto de cambio de régimen promovido desde el exterior y apoyado por esos mismos actores de las consecuencias que siguieron a la invasión de 2003. Su propuesta de una “hoja de ruta” de cien días, diseñada desde el exilio estadounidense, evoca inevitablemente precedentes fallidos. Promesas de transición ordenada formuladas por figuras bien conectadas en Washington que, en la práctica, desembocaron en inestabilidad y colapso institucional.

El abrazo del verdugo: Israel y la traición a la causa nacional
   El momento más revelador, y moralmente más comprometido, de la entrevista se produce cuando Pahlavi es interrogado sobre los Acuerdos de Abraham. Su respuesta no adopta el tono del pragmatismo diplomático, sino el de una reinterpretación histórica interesada. Al aludir a una supuesta “relación bíblica” entre Irán e Israel e invocar la figura de Ciro el Grande, recurre a un símbolo central de la soberanía y la tradición persas para justificar una alianza con un Estado que, en la actualidad, está siendo acusado de cometer un genocidio ante la mirada del mundo y que, además, ha atacado en reiteradas ocasiones territorio iraní.
   Lejos de tratarse de un gesto aislado, esta orientación es coherente con una trayectoria prolongada. Como señalan sus críticos, Pahlavi ha cultivado durante años una relación de marcada subordinación política. Su visita a Israel en 2023, auspiciada por un gobierno encabezado por Netanyahu que ya formulaba abiertamente planes de expulsión masiva en Gaza, tuvo un carácter marcadamente deferente.
   En ese contexto, mientras se gestaba la ofensiva israelí sobre Gaza, el autodenominado “príncipe” apeló a “valores compartidos” y solicitó asesoramiento en materia de gestión hídrica, un ámbito de sensibilidad estratégica para Irán. El gesto resulta difícil de conciliar con cualquier noción de interés nacional, ya que supone exponer vulnerabilidades estructurales ante una potencia que ha saboteado infraestructuras iraníes y participado en el asesinato de científicos del país.
   Al afirmar que un Irán posterior a la República Islámica transformaría los Acuerdos de Abraham en “Acuerdos de Ciro”, Pahlavi no esboza una doctrina de política exterior autónoma, sino que explicita una lógica de dependencia. Se trata de la expresión final de una ideología monárquica en el exilio que, al margen de la complejidad social iraní, ha derivado hacia un nacionalismo étnico excluyente, de tintes arios, que encuentra afinidad con el sionismo de asentamiento y su énfasis en la homogeneidad demográfica. No resulta casual que la bandera del león y el sol aparezca junto a banderas israelíes en contramanifestaciones contra la solidaridad con Palestina. La convergencia responde a una afinidad ideológica sustentada en la nostalgia de un orden imperial y en el rechazo a los movimientos de liberación nacional.

El “padre” ausente y el desprecio por la agencia iraní
   Pahlavi insiste en que no desea una intervención militar extranjera al estilo de Venezuela. Sin embargo, el conjunto de su narrativa parece orientado precisamente a facilitarla. Al describir un régimen al borde del colapso, a un pueblo a punto de “explotar” y a unas fuerzas de seguridad supuestamente preparadas para desertar, construye el escenario que los sectores intervencionistas de Washington y Tel Aviv buscan escuchar: el de un Estado debilitado y vulnerable a un golpe definitivo. Su llamado a “reorientar los activos congelados” del pueblo iraní para financiar sus iniciativas constituye, en la práctica, una petición explícita para que Estados Unidos utilice su aparato financiero como instrumento de coerción política.
   Este es el planteamiento de alguien que reconoce que su vida social y personal está profundamente arraigada en Estados Unidos y que apenas contempla un eventual regreso parcial. Aun así, se presenta como el “padre” de una nación cuyas realidades cotidianas le resultan ajenas. Su diagnóstico recuerda al del médico ausente que receta a distancia un tratamiento peligroso. 
   En este sentido, Reza Pahlavi, se inscribe plenamente en la lógica del cambio de régimen que ha contribuido a la devastación regional. Su desdén por la agencia política iraní no es accidental, sino heredado. Como subrayan sus críticos, la narrativa monárquica tiende a negar el carácter popular de la Revolución de 1979, reduciéndola a una supuesta conspiración angloestadounidense. En ese marco, el poder nunca emana de la sociedad, sino de capitales extranjeras.
    De ahí que la solución propuesta sea siempre externa: más sanciones, que asfixian a la población, más presión internacional y, en última instancia, un “golpe final” que quienes lo invocan no están en condiciones de ejecutar por sí mismos.

Conclusión: el camino equivocado
   Reza Pahlavi no representa una solución para Irán; encarna, más bien, su problema histórico más persistente: la dependencia de potencias extranjeras y el desprecio por la soberanía popular. Su proyecto es la antítesis de la democracia que afirma defender. Se trata de un proyecto de restauración, no de liberación, una restauración que, como en 1953, dependería de la intervención extranjera para imponer a una élite desconectada y desacreditada.
   La entrevista en el Wall Street Journal es, en última instancia, el triste monólogo de un hombre que confunde sus fantasías personales de restitución con el destino de más de 90 millones de personas. Irán merece algo mejor que un príncipe sin reino, un líder sin seguidores y un patriota que se alía con los bombarderos de su propia patria. 

Identificador Sitio web Ecos del Sur
HispanTV

HispanTV

Surgido en 2011, HispanTV es un medio alternativo iraní en lengua española que refleja las realidades del mundo a través de noticias, reportajes, documentales y programas.
últimos artículos :

……………………………………………….

Las opiniones expresadas en estos artículos son responsabilidad exclusiva de sus autores.

……………………………………………….