El resultado es crudo: África representa menos del 3% del comercio mundial, mientras que representa casi el 18% de la población mundial.
Este modelo se está quedando sin vapor. El final previsto de ciertos regímenes preferenciales, el aumento de las barreras no arancelarias y la creciente fragmentación geopolítica están obligando al continente a repensar su estrategia. El desafío ya no es simplemente exportar más, sino exportar de manera diferente, creando valor localmente.
Como recordó Sir Sam Jonah, Presidente de la Junta Asesora de la Cumbre Comercial de África 2026: “Cada vez que exportamos nuestras materias primas e importamos bienes terminados, exportamos empleos e importamos desempleo. Y no podemos, y no debemos, industrializar si continuamos alimentando las fábricas de otras personas en lugar de construir la nuestra”.
En el corazón de este cambio, las pequeñas y medianas empresas emergen como la palanca decisiva. Representan más del 90% de las empresas africanas, más del 60% del empleo y una parte significativa del PIB. Sin embargo, su acceso a la financiación sigue siendo uno de los principales obstáculos para la industrialización del continente.
En la apertura de la cumbre, Elizabeth Ofosu-Adjare, ministra de Comercio y Agroindustria de Ghana, enmarcó claramente el debate: “La cuestión para África no es si debería seguir una política industrial, sino cómo financiarla de manera efectiva en un entorno fiscal restringido y un sistema de comercio global cada vez más proteccionista”.
Esta evaluación es ampliamente compartida en los estados africanos, muchos de los cuales se enfrentan a un espacio fiscal limitado en un momento en que las economías avanzadas están multiplicando los subsidios industriales para asegurar sus cadenas de suministro.
Estrategias nacionales que sirven a una ambición continental
Ghana ilustra esta determinación de cambiar paradigmas. Su estrategia industrial se dirige a sectores con alto potencial de valor agregado local: textiles y prendas de vestir a través de la valorización del algodón, componentes de automoción para ir más allá del simple montaje, y farmacéuticos, en un continente que aún importa más del 70% de sus medicamentos.
Estas orientaciones reflejan una lógica clara: dirigir la financiación hacia cadenas de valor capaces de reforzar la integración regional y reducir la dependencia de las importaciones.
Para Benedicta Lasi, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio Africana, el tema ahora es estructural: “La pregunta hoy es cómo movilizar capital a largo plazo, construir cadenas de valor integradas, convertir la extracción en producción y organizar nuestros mercados para apoyar la escala, la competitividad y la resiliencia”.
Una brecha de financiación masiva y persistente
Las cifras confirman la magnitud del desafío. Según Afreximbank, el comercio intraafricano se recuperó en 2024, creciendo un 12,4% hasta alcanzar los USD 220.3 mil millones, luego de una contracción en 2023.
Para el Dr. Yemi Kale, economista jefe de Afreximbank: “A pesar de los vientos en contra globales, el comercio africano se recuperó fuertemente en 2024 … Esto demuestra los beneficios tangibles de la implementación de AfCFTA, incluso cuando el continente enfrenta un aumento de la inflación, riesgos de deuda soberana y una brecha de financiamiento comercial persistente”.
Pero este impulso sigue siendo frágil. Kanayo Awani, vicepresidente ejecutivo de Afreximbank, señala que: “Aunque las PYMES representan más del 90% de las empresas africanas, continúan enfrentando una brecha de financiamiento anual estimada de USD 300 mil millones”.
Un cuello de botella que limita la aparición de campeones regionales capaces de aprovechar plenamente el AfCFTA, concebido como un mercado de más de 1.4 mil millones de consumidores.
Estas limitaciones estructurales también se reflejan en las trayectorias individuales de los empresarios africanos, a menudo obligados a inventar sus propios modelos de financiación. En sectores con un fuerte potencial de valor agregado local, como los cosméticos naturales, la autofinanciación sigue siendo más la regla que la excepción.
Gladys Cobbina, CEO de Sheenah Naturals, explica que construyó su empresa sin capital externo: “No utilicé financiamiento externo para desarrollar o estructurar mi negocio. La compañía fue construida a través de la autofinanciación y la reinversión continua de los beneficios”.
Si bien esta estrategia preserva la independencia y la visión empresarial, también destaca los límites de un ecosistema financiero poco adaptado a las realidades de las PYME en crecimiento.
El acceso a equipos industriales, certificaciones o nuevos mercados sigue estando condicionado a criterios —altos requisitos de garantía, trayectoria, historial bancario— que muchas empresas emergentes no pueden cumplir. “Las opciones tradicionales a menudo requieren altas garantías y una larga historia operativa, que muchos empresarios africanos en etapa inicial simplemente no pueden proporcionar”, agrega.
Esta situación refleja un problema más amplio en la estructuración de la oferta financiera, como lo enfatiza Louis Yaw, empresario y experto en ecosistemas de PYME. Según él, el desafío no es solo la disponibilidad de capital, sino su idoneidad: “Existe una verdadera voluntad política para movilizar los recursos disponibles, pero la implementación sigue siendo desigual.
La mayoría de las instituciones financieras africanas aún no han adaptado sus carteras a las necesidades específicas de las PYME”.
En este contexto, los mecanismos alternativos —el factoraje, los sistemas de compensación, las soluciones de pago intraafricanas como el PAPSS— se están convirtiendo en palancas complementarias para facilitar el comercio y reducir la dependencia de los circuitos financieros tradicionales. Sin embargo, su eficacia dependerá en gran medida de la adopción coordinada a nivel regional.
Porque más allá de los instrumentos, está en juego una lógica colectiva. Para Nyekam De Njuidja Bottarelli, Gerente de Proyectos y Operaciones de Phanerosis Global Platform, el financiamiento de PYME no puede disociarse de un proyecto político y económico compartido: Una fraternidad que, en Accra, fue concebida no como un ideal abstracto, sino como una condición concreta para la aparición de un tejido de PYMES capaz de impulsar la industrialización y posicionar a África como un actor pleno en la dinámica del poder económico global.
Hacia una África que configura las relaciones de poder económico global
La Cumbre de Comercio de África 2026 destacó un cambio claro: África no se está alejando del comercio internacional, sino que busca reequilibrarlo. Las preferencias comerciales ya no son suficientes; sólo la industrialización impulsada por las PYME financiadas, estructuradas e integradas puede transformar de manera sostenible el continente.
La presencia de Gervais Koffi Djondo, fundador de Ecobank y Asky, un verdadero pionero del panafricanismo económico, simbolizaba la visión y la perseverancia necesarias para construir un continente en control de su destino económico, inspirando a las nuevas generaciones de líderes africanos.