El petrolero robado fue el Olina, y la intervención tuvo lugar cerca de las costas de Trinidad y Tobago.
La embarcación fue sancionada previamente por EE.UU. por su labor de transportar combustible rumbo a Rusia.
El robo de este nuevo tanquero por parte de EEUU se da en el contexto de su falsa narrativa de “poner fin a la actividad ilícita y restableciendo la seguridad en el hemisferio occidental”.