Calificó lo ocurrido de «nuevo crimen de guerra y desafío brutal a las normas internacionales de derechos humanos aplicables a los prisioneros».
De acuerdo con Hamas, el silencio internacional ante los crímenes cometidos contra los presos palestinos, sumado a la aprobación de una ley de pena de muerte, alienta a las autoridades de ocupación a proseguir con sus prácticas brutales dentro de los centros penitenciarios. Ello constituye una prolongación de «la guerra de exterminio y limpieza étnica contra el pueblo palestino», denunció.
Las «liquidaciones físicas y psicológicas» a las que son sometidos los prisioneros sitúan a la comunidad internacional, con todas sus instituciones y gobiernos, ante sus responsabilidades humanitarias, éticas y jurídicas para «frenar a la ocupación y poner fin a sus crímenes en las cárceles».
En ese sentido, llamó a una acción urgente en todos los niveles para proteger a los presos y exigir responsabilidades por los crímenes perpetrados contra ellos.
Hamas reafirmó que «los prisioneros son una responsabilidad sagrada que asumimos», subrayando que el pueblo palestino permanecerá fiel a su causa hasta que logren su libertad.
En este contexto, Ben Gvir irrumpió el viernes en las celdas de los prisioneros en la prisión de Ofer, situada en las proximidades de Ramala, en una visita de inspección a la que le acompañó el director del Servicio Penitenciario israelí, según informó el Canal 7 israelí.
El recorrido incluyó los módulos donde se encuentran los reclusos y tuvo lugar poco antes del inicio del mes de Ramadán.
Un vídeo difundido por el citado canal mostró escenas de agresiones y represión contra los prisioneros, entre ellas el lanzamiento de granadas de gas y bombas de sonido en el interior de las celdas, así como el apuntamiento de armas hacia los reclusos.
Ben Gvir profirió amenazas contra los presos y les advirtió que no llevasen a cabo ningún tipo de acción durante el mes de Ramadán.
De igual manera, alardeó de los cambios que introdujo en las condiciones de las prisiones desde que asumió su cargo, y amenazó con ejecutar a los presos. Según sus propias palabras, los centros penitenciarios se han convertido en «una cárcel de verdad y no en un hotel».