Para el medio, estas acciones, sumadas a los indicios de que Japón podría buscar adquirir armamento nuclear, representan la mayor amenaza para la seguridad de Asia Oriental y el régimen de no proliferación nuclear.
En el ámbito diplomático, el artículo califica la postura de Japón como «engañosa y de doble cara».
Acusa a la Administración actual de intentar presentarse ante el mundo como una «víctima» de un supuesto acoso por parte de China.
El editorial afirma que esta narrativa es una táctica de distracción para ocultar sus propias ambiciones expansionistas y justificar su acelerado rearme ante la opinión pública global.
Un punto de fricción central mencionado es la relación de Japón con Taiwán.
El texto denuncia que las visitas de legisladores japoneses a la isla y el nombramiento de ex altos mandos militares como consultores políticos para las autoridades taiwanesas cruzan las «líneas rojas» de China.
Estas acciones son interpretadas por la publicación como una interferencia directa en los asuntos internos chinos y una violación a la soberanía del país.
El medio también sostiene que Japón está sembrando la división entre los países de la región Asia-Pacífico para favorecer intereses geopolíticos.
Al alinearse estrechamente con la estrategia de seguridad de potencias externas y fomentar la confrontación, Japón se estaría convirtiendo en un obstáculo para el diálogo y la cooperación regional, envenenando el ambiente necesario para resolver disputas de manera pacífica.
Finalmente, el Global Times advierte quela historia ha demostrado que el resurgimiento del militarismo solo trae desastres, afirmando que, al retroceder en temas históricos y buscar la expansión militar, las autoridades japonesas están consolidando su papel como un actor desestabilizador, y hace un llamado a la comunidad internacional para vigilar y frenar lo que consideran un peligroso retorno a las prácticas del pasado imperialista de Japón.