La agricultura sigue siendo el centro de las economías africanas. En el África subsahariana, más del 60% de la fuerza de trabajo se está recuperando del sector, principalmente dentro de las explotaciones familiares. En todo el continente, casi el 80% de las tierras agrícolas son cultivadas por los pequeños agricultores, los verdaderos pilares de los sistemas alimentarios locales.
Sin embargo, a pesar de esta centralidad, África representa solo alrededor del 10% de la producción agrícola mundial, mientras que tiene aproximadamente una cuarta parte de la tierra cultivable del mundo. Esta brecha subraya la urgencia de una transformación estructural basada en la inversión, la innovación y la ampliación de las cadenas de valor.
Las proyecciones económicas confirman la magnitud de la oportunidad: según el Banco Africano de Desarrollo (BAfD), el mercado alimentario africano podría alcanzar los 1 billón de dólares para 2030, frente a los aproximadamente 280 mil millones de hoy, lo que convierte a la agricultura y la agroindustria en uno de los sectores más prometedores del continente.
En los últimos años, la agricultura africana ha entrado en la era digital. Herramientas de previsión climática, plataformas para conectar productores y compradores, soluciones de pago móvil, trazabilidad de cosechas o acceso digitalizado a insumos: agritech está redefiniendo toda la cadena de valor agrícola.
La AfDB estima que la digitalización podría aumentar la productividad agrícola entre un 20 y un 30%, al mejorar el acceso a la información, los mercados y los servicios financieros.
La FAO recuerda: “La innovación agrícola es esencial para fortalecer la resiliencia de los sistemas alimentarios a las crisis climáticas y económicas”. En un contexto marcado por sequías recurrentes, inundaciones y degradación de la tierra, la agricultura climáticamente inteligente, el riego de precisión y la mejora de las semillas están surgiendo como soluciones clave.
Otro pilar de esta revolución verde: las mujeres. Representan alrededor del 50% de la fuerza laboral agrícola en África y hasta el 70% en algunas zonas rurales, según la FAO. Sin embargo, poseen menos del 15% de las tierras agrícolas y permanecen en gran parte excluidos del acceso al crédito, la tecnología y la capacitación.
Lo que está en juego es alto. Según la FAO, la reducción de la brecha de productividad entre hombres y mujeres aumentaría los rendimientos agrícolas en un 20 a 30% y eliminaría hasta 150 millones de personas de la inseguridad alimentaria en todo el mundo. Centrarse en las mujeres no es sólo un imperativo social, sino una elección económica racional.
La revolución agrícola africana no solo está en los campos, sino también en la transformación local. Hoy en día, una parte significativa del valor agregado agrícola sigue escapando a los productores, por falta de industrias agroalimentarias estructuradas e infraestructura adaptada.
La AfDB señala que el desarrollo de las cadenas de valor locales podría crear millones de puestos de trabajo, especialmente para los jóvenes, al tiempo que se reduce la dependencia de las importaciones de alimentos.
“El futuro de África se basa en su capacidad para alimentar a su población mientras crea valor en el lugar”, dijo la institución panafricana.
A pesar de los avances, los desafíos siguen siendo importantes. La FAO estima que entre el 30 y el 40 por ciento de la producción agrícola de África se pierde después de la cosecha, lo que debilita los ingresos de los productores y la oferta de mercado. Además, están los crecientes efectos del cambio climático, que están socavando los sistemas ya vulnerables.
Por lo tanto, la agricultura africana se encuentra en un punto decisivo. Entre inmensas limitaciones potenciales y persistentes, debe acelerar su transformación para convertirse en un verdadero motor de resiliencia, soberanía alimentaria y prosperidad económica.