El presidente de la Comisión de la Unión Africana, Mahmoud Ali Youssouf, declaró que “el tema de 2026, centrado en el agua y el saneamiento, es de importancia crítica; este recurso vital para todos nuestros países debe considerarse un bien colectivo que debe preservarse a toda costa”. Esta declaración se hizo en el contexto de los preparativos para la cumbre, destacando el agua como un elemento estratégico para el desarrollo, la paz y la adaptación al clima.
Esta elección temática se produce en el contexto de un desafío de seguridad hídrica continental: según datos oficiales de la Unión Africana, más de 400 millones de personas en África carecen de agua suficiente para sus necesidades diarias, y más de 800 millones carecen de servicios básicos de higiene. Estas brechas tienen profundas consecuencias sanitarias, sociales y económicas.
El agua no es un recurso natural simple: es un pilar de la agricultura, la industria, la salud pública, la educación y la estabilidad social. Sin un acceso fiable al agua potable y a instalaciones de saneamiento seguro, los esfuerzos hacia el crecimiento y la transformación estructural siguen obstaculizados. El agua está en el centro de las siete aspiraciones de la Agenda 2063, la hoja de ruta de desarrollo de cincuenta años de la Unión Africana destinada a hacer de África un continente próspero, integrado y pacífico.
El impacto de la falta de agua y saneamiento es tangible: muy insuficiente en algunas áreas rurales y urbanas, estos servicios esenciales contribuyen a reducir la productividad laboral, aumentar el gasto en salud y aumentar la exposición a las enfermedades transmitidas por el agua.
En varias regiones, el agua también está en el corazón de las tensiones potenciales entre los países vecinos, ya que muchas cuencas fluviales atraviesan múltiples estados. Por lo tanto, la gestión ineficaz de estos recursos puede alimentar los conflictos y exacerbar las crisis existentes.
La solución de problemas relacionados con el agua no se basa únicamente en la construcción de infraestructuras. Requiere una gestión integrada de los recursos, una cooperación regional transfronteriza, la participación de las comunidades locales, una financiación innovadora y una mayor capacidad de política pública.
Según la Unión Africana, una Visión Africana del Agua para 2026 tiene como objetivo establecer una gestión equitativa y sostenible de estos recursos, promoviendo la cooperación regional, la creación de empleo y la industrialización, al tiempo que fortalece la resiliencia al cambio climático.
Más allá de los discursos, están progresando acciones concretas: sobre el terreno, algunos estados están fortaleciendo sus programas nacionales de agua y saneamiento, modernizando sus redes de distribución y desarrollando mecanismos de purificación más efectivos.
Foros paralelos, como el Foro de Jefes de Estado y de Gobierno de Agua y Saneamiento de la Unión Africana, organizado conjuntamente con el Banco Mundial, tienen por objeto traducir la voluntad política en compromisos nacionales y financiación coordinada.
Las partes interesadas del sector también destacan la importancia de un marco participativo que involucre a los jóvenes, las mujeres y las poblaciones marginadas en la planificación y ejecución de proyectos de agua, saneamiento e higiene (WASH). Este enfoque inclusivo se considera esencial para garantizar la sostenibilidad y la aceptabilidad social de las intervenciones.
La seguridad hídrica también está vinculada a los efectos del cambio climático, que exacerban las sequías, las inundaciones y las variaciones estacionales en los recursos hídricos, aumentando la presión sobre los sistemas existentes. Por lo tanto, la integración de los objetivos climáticos en las políticas de gestión del agua se ha convertido en una condición indispensable para lograr las aspiraciones de la Agenda 2063.