Según el periódico, la postura de ambos países del Golfo representa un “retroceso” en la política de presión de la administración Trump contra Teherán.
La posición saudí fue comunicada directamente al presidente iraní, Masud Pezeshkian, en una llamada telefónica, donde el príncipe heredero Mohamed bin Salmán dejó claro que su reino “no permitirá el uso de su espacio aéreo o territorio para ninguna acción militar contra Irán”.
Analistas citados por el WSJ indican que Riad y Abu Dhabi, aunque desean ver debilitado a Irán, temen una mayor inestabilidad regional y represalias directas, por lo que no quieren ser la punta de lanza de Estados Unidos.
Ex oficiales militares estadounidenses señalan que esta negativa complica significativamente la logística y aumenta los costes de cualquier operación militar, aunque no la imposibilita por completo.