Fuera de la polémica entre la necesidad de proteger el ambiente con menos emisión de gases contaminantes a la atmósfera, los problemas de la disponibilidad real de combustible, empuja a una transformación en las visiones del uso de la energía renovable como alternativa.
Sería difícil considerar que se puede vivir, al menos en esta etapa, sin una producción de los hidrocarburos, y la crisis de disponibilidad en el orbe del combustible para aviones así lo demuestra.
Además, la crisis energética derivada de la aventura bélica de Washington y la justa respuesta de Irán a la agresión, con el cierre del estrecho de Ormuz, puso en duda total la teoría de que sin los hidrocarburos se podrá vivir en un futuro próximo, como hace Europa.
Precisamente, los europeos, los más avanzados en el “suicidio” de dejar, sin las capacidades requeridas aún, en manos de la energía verde el funcionamiento de su economía, presentaron problemas con el alza de energéticos, antes de la agresión del 28 de febrero.
Europa, quizás más que otra región del orbe se resiente por la crisis levantina: sin salir aún de las consecuencias de su obstinada política de “economía verde”, que eliminaba el carbón y hasta el átomo como fuente de energía, además del boicot a la compra del hidrocarburo ruso, se suma esta otra arrasadora escasez de combustible.
De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la Unión Europea (UE) importa cerca del 96 por ciento del petróleo que consume, y una parte sustancial de este proviene del Golfo Pérsico.
En escenarios de tensión en el estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20 por ciento del petróleo mundial, los precios del crudo registraron alzas superiores al 15 por ciento en períodos cortos, como reportan datos de Bloomberg y Reuters.
Uno de los sectores más afectados es el industrial, particularmente la petroquímica, la siderurgia y la manufactura pesada, altamente dependientes de energía intensiva.
Alemania, principal motor industrial europeo, sufrió incrementos significativos en sus costos de producción.
El instituto Ifo afirma que los precios energéticos industriales llegaron a duplicarse entre 2022 y 2024. Asimismo, el sector del transporte, incluido la aviación y logística marítima enfrenta un aumento en el precio del combustible.
Los países más vulnerables son aquellos con menor diversificación energética o alta dependencia de importaciones, como Italia, España y Grecia.
Italia, por ejemplo, importaba antes de las crisis recientes más del 40 por ciento de su gas desde regiones vinculadas al Mediterráneo ampliado, según Eurostat.
Las pérdidas económicas no se limitan al encarecimiento energético directo, sino que se extienden al conjunto de la actividad económica.
El Banco Central Europeo (BCE) estima que un aumento sostenido del 10 por ciento en los precios del petróleo puede reducir el PIB de la eurozona entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales.
Energía renovable, ¿Quiénes marcan la pauta?
El sector global de energías renovables está dominado por grandes conglomerados con fuerte presencia en Europa, China y Estados Unidos.
Destaca entre ellos la estadounidense NextEra Energy, una de las mayores generadoras eólicas y solares del mundo, con ingresos superiores a 28 mil millones de dólares en 2024, indica Bloomberg.
Además, en el ámbito del litio, esencial para baterías y almacenamiento energético, empresas como Albemarle (Estados Unidos), SQM (Chile) y Ganfeng Lithium (China) lideran el mercado.
El sector de los vehículos eléctricos está encabezado por Tesla (Estados Unidos) y BYD (China), que compiten por el liderazgo global en ventas.
Tesla registró beneficios netos de aproximadamente 15 mil millones de dólares en 2023, mientras BYD superó los cuatro mil millones, al vender más de tres millones de autos.
En energía solar, China controla más del 80 por ciento de la producción mundial de paneles solares, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE) citada por The New York Times.
Hidrocarburos o energía renovable, ¿el dilema?
El economista griego Yanis Varoufakis señala que Europa enfrenta una “contradicción estructural” entre su agenda verde y su dependencia energética externa, al advertir que las tensiones en Medio Oriente “reafirman la centralidad del petróleo en el corto plazo”, subraya The Guardian.
Datos de la AIE indican que, pese al crecimiento renovable, los combustibles fósiles aún representan más del 80 por ciento del consumo energético global.
La investigadora Kate Aronoff, citada por The New Republic, sostiene que la transición energética “no es automáticamente ecológica si reproduce lógicas extractivistas”, en referencia al litio y otros minerales críticos.
En esa línea, el analista Jason Hickel advierte en Al Jazeera que el modelo actual de transición “mantiene relaciones de dependencia entre el Norte global y el Sur global”, al trasladar al sur los costos ambientales.
Hidrocarburos en el centro del diferendo
De su lado, el historiador Vijay Prashad argumenta que las crisis en Medio Oriente, incluidas las tensiones con Irán, evidencian que el control de los hidrocarburos sigue siendo un eje central de la disputa internacional (Peoples Dispatch).
Expertos en energía como Fatih Birol, director de la AIE, advirtieron en Financial Times que la transición hacia renovables debe acelerarse, pero reconocen que los shocks geopolíticos pueden retrasarla al reforzar el uso de combustibles fósiles.
La especialista Naomi Klein plantea, por su lado, que estas crisis son utilizadas para justificar nuevas inversiones en hidrocarburos bajo el argumento de seguridad energética, señala The Intercept.
La credibilidad del dólar, un efecto colateral
El impacto de la crisis energética, generada por el conflicto en Medio Oriente, aparece como un efecto colateral a tener en cuenta.
Zoltan Pozsar, exanalista de Credit Suisse, advirtió que las tensiones en torno a materias primas estratégicas podrían acelerar procesos de “desdolarización” en economías emergentes, indica Financial Times.
De acuerdo con el FMI, el peso del dólar en las reservas globales cayó del 71 por ciento en 1999 a cerca del 58 por ciento en 2024, un proceso que se acelera de forma vertiginosa con la actual crisis levantina.
La economista Eswar Prasad, de la Universidad de Cornell, señaló que la decisión de Rusia y China de pagar la mayoría de su intercambio comercial de 220 mil millones de dólares en sus respectivas monedas “no reemplaza al dólar de inmediato, pero sí erosiona su dominio en sectores específicos”.
Las señas de un creciente nerviosismo
Asimismo, Barry Eichengreen, de la Universidad de California, advierte en The New York Times que el sistema monetario global se está volviendo “más fragmentado y multipolar”.
Respecto a las medidas del Tesoro estadounidense de imponer limitaciones a estados árabes para la venta masiva de activos de sus bonos, Brad Setser, de Council on Foreign Relations, indica que ello busca evitar disrupciones en el mercado de deuda, aunque también marcan el nerviosismo creciente de Washington.
Varios países del Golfo poseen cientos de miles de millones en bonos del Tesoro, siendo Arabia Saudita uno de los principales tenedores extranjeros.
Lo cierto es que la aventura bélica estadounidense en Medio Oriente pareció poner sobre la mesa, desde otro ángulo, las causas para el empleo de la energía renovable, el peso económico de los hidrocarburos y un cada vez más creciente desgaste de la credibilidad del dólar.